viernes, 13 de marzo de 2009

SECCION 7

Condiciones macroestructurales en el contexto del trabajo.

Dentro de las condiciones macroestructurales existe amplia y numerosa bibliografía que da cuenta de la implementación de las políticas neoliberales del Consenso de Washington para la Argentina, que impactaron de forma directa sobre las relaciones laborales y los trabajadores.

El desguace del Estado y la venta y privatización de empresas publicas bajo el supuesto de que, a manos del Estado eran obsoletas y proveedoras de servicios excesivamente caros y de baja calidad; la estigmatización de que los empleados del Estado eran de baja formación, poco capacitados, con alta concentración de beneficios sociales de los cuales abusaban y por lo cual su productividad era baja o nula; termino con despidos y retiros voluntarios. Se suplanto a estos trabajadores con otros, ahora “tercerizados”, con altas exigencias en cuanto a capacitación formal, pero “flexibilizados” por leyes laborales precarizadoras de los derechos del trabajador.

Por otra parte, la caída de la barrera aduanera permitió la importación de todo tipo de productos manufacturados a muy bajo precio, de manera tal que la industria argentina no pudo constituirse como competitiva, y termino en el cierre masivo de empresas y fabricas de todos los rubros. Quienes hasta unos años atrás estaban protegidos en la cultura del trabajo, se encontraron desocupados, sin posibilidades de ingresar o reingresar al mercado laboral, sin espacios donde interactuar como trabajadores.

Estos cambios dieron por resultado entre otras calamidades, las siguientes consecuencias:

la profundización de la pobreza “los pobres son mas pobres y los ricos son mas ricos”

la extensión de la pobreza a sectores de clase media y clase media baja

la caída del salario real, con la consecuente perdida del poder adquisitivo

la caída de la participación de los trabajadores de la Renta Nacional en forma sostenida

la inequidad en la distribución de la riqueza “unos pocos tienen mucho y muchos tienen poco o nada”

la “flexibilización” de la legislación laboral con el avasallamiento y destrucción de derechos laborales conseguidos tras décadas de luchas obreras

Los cambios ocurrieron en forma paulatina a partir de la década del 70, intensificándose durante la década del 90; y en términos generales el Estado abandono su rol de garante de igualdad de las partes en las reglas del mercado, razón por la cual los grupos sociales menos influyentes y poderosos quedaron en desigualdad para poder negociar y proteger sus intereses.

En una entrevista periodística el abogado laboralista Héctor Recalde, explica la relación que ha encontrado entre del acoso psicológico y las condiciones macroestructurales y el ámbito laboral:

“…el acoso moral se ha profundizado por la desocupación, por los trabajadores en negro, por la situación de desamparo que sufren los empleados…” 28

Una mención especial se debe realizar referente al empleo público; en el empleo publico se supone que no es fácil remover por vía legal a un trabajador “de planta” o “de carrera”, porque ha cumplido con una serie de requisitos legales sobre obtener ese trabajo y ese puesto; para poder deshacerse de sus empleados, el Estado incumplió con sus deberes de protección y permitió la instalación y desarrollo de violencias laborales dentro del mismo Estado.

“El Estado como empleador se obliga a velar por las buenas condiciones de trabajo de cada uno de sus empleados y les garantiza estabilidad en la función que desarrolle el trabajador”29.

Y en el caso específico de la salud (campo de acción de los enfermeros) el compromiso del Estado se extiende a todos los habitantes del país.30

Se gestó una característica violencia laboral que se implementó sobre los empleados públicos, tal como la relata la socióloga Diana Scialpi en su libro Violencias en la Administración Pública.

Hecho particularmente grave puesto que es justamente en la administración pública donde se construyen las Instituciones fundamentales constitutivas de una Nación, por lo cual cobra significado el vivir en sociedad, como lo explica el psicólogo Rene Kaës:

“…la Institución debe ser permanente: con esto se asegura funciones estables y necesarias para la vida social y psíquica…” 31

Identificamos una variable dentro de las relaciones laborales, que favorece la posibilidad de acoso psicológico en el trabajo: es la llamada adherencia narcisista. Esta variable actúa como potenciadora del grado con que el acosador destruye a la victima.
En este caso se produce una transferencia de identidades, por la cual el trabajador se identifica con la institución y se personifica, comienza
a decir “mi hospital”, “mi servicio”, “mi paciente”. Y termina siendo un actor que se identifica narcisistamente con la institución hasta el extremo de no poder asumir la diferencia entre la persona y la institución32. De esta manera, el trabajador siente como parte de si mismo el hospital en el cual trabaja, y cuando enfrenta problemas laborales, estos tienen mayor repercusión en su esfera psicosocial.

Se puede afirmar entonces que la institucionalización de las Instituciones, Instituciones de salud, y la adherencia narcisista que desarrollan los trabajadores enfermeros constituyen un caldo de cultivo preferencial para el desarrollo de acoso psicológico laboral en el ámbito publico y privado. Esto se agrava cuando se presentan situaciones de conflicto generadas por un
cambio en el rol de quien debe cuidar y generarse como protector, puesto que se supone que las instituciones de salud deben cuidar tanto a sus trabajadores como a sus pacientes / clientes / usuarios. De esta manera surge un nuevo modelo que Scialpi denomina: violencia político-burocrática.

Por violencia político-burocrática tomamos la definición de Carlos Sluzky que refiere a aquella violencia “…perpetrada por quienes tienen la responsabilidad social y legal de cuidar a los ciudadanos, de mantener el orden en su mundo, de preservar la estabilidad y predictibilidad de sus vidas: el Estado, a través de sus agentes tales como la policía, las fuerzas armadas, los enfermeros…” 33 34


Sluzky, “…formuló un modelo general sobre violencia político-burocrática con implicancias terapéuticas. La calidad siniestra y el efecto traumático devastador de la violencia política son generados por la transformación del victimario, de protector en violento en un contexto que
mistifica o deniega las claves interpersonales mediante las cuales la víctima reconoce o asigna significados a los comportamientos violentos y reconoce su capacidad de consentir o disentir. La “re-rotulación” corre por cuenta del violento, quien atribuye a su conducta un significado diferente del que realmente tiene.

Cuando los protectores (sean éstos padres, docentes, empresarios, autoridades políticas, funcionarios públicos) se transforman en violentos, indefectiblemente re-rotulan cada palabra o acto.


Y cuando nosotros, miramos para otro lado y evitamos poner el límite; cuando renunciamos a actuar con firmeza y valentía, cuando dejamos de denunciar la conducta “perversa”, indefectiblemente normalizamos la violencia, transformando en normal lo que sin duda no lo es.


Si normalizamos la violencia, dejamos de reclamar justicia por los canales institucionales previstos, sean administrativos o judiciales. Y cuando dejamos de usar los canales institucionales previstos, éstos caen en desuso y dejan de protegernos. Así construimos cada día menos democracia…” 35


Esto significa que cuando quien debe proteger se transforma en violento, re-rotula los contenidos significantes de lo significante en las relaciones interpersonales entre los sujetos que trabajan.


Este proceso que le asigna significados diferentes a los esperados conlleva un nuevo aprendizaje social lleno de incertidumbres inciertas36 sobre el destino de la propia vida. Mientras esto ocurre los sujetos siguen cumpliendo sus tareas laborales rodeados de situaciones violentas; este nuevo aprendizaje social instalado hace que se mire hacia otro lado y se evite poner el limite, se renuncia a poner el limite, se empieza a gestar en el imaginario de que “es así, “que algo habrá hecho para merecerlo”, “ya va a aprender”, “esto no se puede cambiar”, “o te aguantas o te vas”, etc.

La idea de indefensión aprendida en este nuevo aprendizaje social permite sobrevivir a los trabajadores en una institución, que suelen además renunciar a actuar con firmeza y valentía, y cuando no se denuncia la conducta perversa, indefectiblemente se normaliza la violencia, transformando en normal lo que no lo es.

Aceptando que la violencia es parte de de la relación laboral, se pierde la posibilidad de peticionar y reclamar a los responsables; se ceden derechos fundamentales y se pierde la esperanza.

Es entonces posible afirmar que la normalización de la violencia trae aparejada la complicidad implícita o el consentimiento indiferente del resto del grupo37.

La violencia regula las relaciones laborales, esto es considerado como parte de la relación contractual de trabajo por los mismos sujetos actuantes, los testigos son indiferentes, silenciosos o temen las calumnias, las difamaciones, las injurias y las injusticias que se producen a su alrededor. Se callan por temor a las represalias en lugares donde reina total impunidad, por intima y propia satisfacción ante el Otro que sufre, o bien por conveniencia (ocupar el puesto del otro), o por que es mejor que ataquen a otro y no a mi, etc.


Este fenómeno de indefensión aprendida o desamparo aprendido genera apatía y la NO participación. Las personas dejan de actuar cuando saben que su acción no incide y no puede modificar el contexto. Cuando los ciudadanos se dan cuenta de que su participación no modifica el estado de las cosas, dejan de participar y abandonan de manera sistemática la tarea de luchar por sus derechos.38

Es ampliamente conocido que los efectos del acoso psicológico conducen a graves problemas físicos, psíquicos y sociales en los trabajadores, por lo que sin dudas también acarrea problemas sobre el producto del trabajo. Sin embargo no se afirma que actualmente se acose mejor que en épocas anteriores. Al respecto, Dejours, describe que lo que ha cambiado es la aparición de nuevos fenómenos que traen aparejado la pasividad, así también como la ausencia de solidaridad entre los propios compañeros de trabajo y la transformación del sentido de lo que es justo o no en el ámbito del trabajo.39

El trabajo en si, implica un esfuerzo y compromete a toda la personalidad e inteligencia de quienes trabajan. Dentro del mismo colectivo de trabajadores los hay quienes hacen una tarea excelente y otros menos, hay algunos trabajadores que son holgazanes y hasta algunos deshonestos; pero la gran mayoría se esfuerza por hacer las cosas lo mejor posible y ponen de si un gran esfuerzo, energía, pasión y compromiso. En situaciones de violencia laboral se produce una “...desestabilización de las referencias en que se apoya la identidad…” 40

Siguiendo el pensamiento de Dejours, él plantea la hipótesis de que los trabajadores tienen “vergüenza” de protestar por lo que sufren dentro del ámbito laboral. El simple hecho por ejemplo de protestar o plantear una huelga frente a otros que ni siquiera tienen trabajo, los hace ver como privilegiados que tienen trabajo y por esa causa no deben quejarse.

“..Mencionar la situación de quienes padecen a causa del trabajo, suele desatar una reacción de distanciamiento o indignación por que quien lo hace parece ser incapaz de sensibilizarse ante el destino supuestamente PEOR de quienes sufren por carencia de trabajo…” 41

De este modo otros trabajadores que están desocupados, no consideran en los mas mínimo las situaciones de violencia vividas por los trabajadores que si tienen trabajo, generándose entonces entre los que tienen trabajo pero de mala calidad un imperativo de sufrir silenciosamente “bancándose” lo que sea, por que “gracias a Dios tengo trabajo”.

Lo paradójico de este razonamiento impuesto por el Orden Dominante, es que en Argentina los enfermeros, en un gran porcentaje, son pluriempleados, contradiciendo a la tasa de desocupación. El enfermero tiene dos y tres trabajos para sumar el ingreso que necesita, de manera tal que si los sueldos fueran suficientes: ¡SOBRARIA trabajo!


28 Zampa L. Cuando el trabajo es un castigo. Diario Pagina 12. 29 de enero del 2006.

29 Convenio Colectivo de Trabajo General del Sector Publico Nacional. Decreto 214/06

30 Constitución de la Nación Argentina. Preámbulo. Artículos 14bis, 41 y 42.

31 Kaes R y col. La institución y las instituciones: Estudios psicoanalíticos. 1º Edición. 4Reimpresión. Paidós. Buenos Aires. 2002.


32 Kaes R y col. Ob Cit. Si bien la adherencia narcisista se da en trabajadores de todos los subsistemas, es más acentuada en los enfermeros de los hospitales públicos.


33 Scialpi D. Ob Cit Pág. 42 y 43


34 El texto original no contempla la inclusión de los enfermeros, es un agregado de los autores.


35 Scialpi, D. “Sometidos al acoso moral”, Diario La Nación, Suplemento Empleos – Columna “Miradas”, 3 de septiembre de 2000


36 La expresión de incertidumbres inciertas fue trabajado por el psiquiatra Enrique Stein, en el Taller que se realizo en el Encuentro Nacional de Salud, Seguridad Social y Medio Ambiente. 12, 13 y 14 de abril del 2007. Facultad de Medicina. UBA.


37 Peña Saint Martín F, Ravelo Blancas P y Sánchez Díaz S. Cuando el trabajo nos castiga. Debates sobre el mobbing en México. Universidad Autónoma Metropolitana. Editorial Eón. México. 2007

38 Peña Saint Martín F. Ob. Cit Pág. 32

39 Dejours C. La banalización de la injusticia social. Editorial Topia. Buenos Aires. 2006.
40 Dejours C. Ob. Cit
41 Dejours C. Ob. Cit. Pag. 42

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